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AMOR SIN FRONTERAS

  Dolia Estévez

Durante la Guerra Fría existía la regla no escrita de desalentar las relaciones sentimentales de los diplomáticos asignados en el extranjero con ciudadanos del país anfitrión, mientras durara su misión. Con esto, Washington buscaba evitar que sus representantes se “acriollaran” (go native) y se volvieran susceptibles a interpretar la realidad desde la perspectiva del país huésped. Temía que el acomodamiento a los usos y costumbres de otro país que no fuera el suyo los hacía vulnerables a ser reclutados por el enemigo. Los soviéticos, por ejemplo, tenían fama de usar bellas espías entrenadas en el arte de la seducción para arrancarles secretos a los diplomáticos occidentales. Episodios de película captados en The Spy Who Loved Me con James Bond.

Pero la Guerra Fría ya terminó y las relaciones entre México y EU, a decir por la retórica binacional, pasaron del resentimiento histórico a la responsabilidad compartida. Esto explica, en parte, por qué Washington calla ante los insólitos casos de sus dos últimos embajadores. En 2005, Tony Garza contrajo nupcias con la mujer más rica de México y Carlos Pascual hoy sostiene relaciones sentimentales con la hija de Francisco Rojas Gutiérrez, coordinador del Grupo Parlamentario del PRI y ex director de Pemex bajo el salinismo.

Aunque en la era de la corresponsabilidad “acriollarse” ya no es un peligro o riesgo para la seguridad de la potencia –como fue cuando México dividía lealtades entre EU y la URSS– no deja de generar sospechas de conflicto de interés. Un diplomático estadounidense me explicó que en el pasado, cuando el jefe de misión se “aparejaba con una local”, recibía órdenes de regresar a Washington para que la nueva cónyuge fuera sometida a un examen de confianza y si se descubría un conflicto de interés el caso era turnado al FBI y la CIA.

En México, Garza fue criticado de cortejar a los amigos ricos de María Asunción Aramburuzabala y de favorecer a Televisa (empresa en la que su esposa es accionista) sobre TV Azteca. La relación de Pascual con la hija de un polémico defensor de Carlos Salinas, a su vez, no deja de tener implicaciones políticas en el reino de las percepciones. ¿Hay conflicto de interés en la relación sentimental de un embajador gringo con una mexicana?, pregunté. “Comienza a perfilarse una constante: embajador soltero que nos mandan, cae rápidamente en las redes seductoras del poder y el dinero nacionales. Queda claro, el futuro de las relaciones bilaterales está en manos de las mujeres mexicanas”, me respondió un diplomático mexicano. Alguien más sugirió con un dejo de sarcasmo que en las próximas ratificaciones, ¡el Senado de EU debería hacerles jurar votos de castidad!

EL VALOR DE LAS PALABRAS

Bill Clinton visitó México para decirnos, con factura de por medio, que la situación de la frontera se ha vuelto “loca” y recetarnos un Plan México estilo Colombia, pero hecho por mexicanos (¿?). Más allá de si Bill dijo lo que dijo en calidad de ex presidente o de conyugue de la encargada de la diplomacia de Barack Obama, vale preguntar cuánto le pagaron los banqueros de la 73 Convención Nacional Bancaria y la Universidad del Valle de México por sus luminosas palabras. Bill es el político más caro en el circuito de conferencistas. Cobra entre 200,000 y 400,000 dólares por discurso. En 2008, ganó 6 mdd en honorarios principalmente de empresas extranjeras. De esa suma, 300,000 salieron de los cofres de la firma mexicana Value Grupo Financiero, que dirige el millonario Carlos Bremer Gutiérrez. ¿Cuánto se cobró por dos discursos en territorio nacional? ¿400,000 o 800,00 dólares? ¿Quién fue el que dijo que un político pobre es un pobre político?

FAIT ACCOMPLI

La capacidad de prevención de la diplomacia mexicana fracasó rotundamente en Arizona. Los accesos y la interlocución que tuvieron éxito en llevar a Michelle Obama a México no pudieron con el racismo de la derecha draconiana. Arizona es decisión tomada. Si llega a revertirse no será gracias a México.



  
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