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AAAAACHÚUUU

(Economía, salud y por qué debemos cambiar al IMSS y al ISSSTE)

  Edgar Amador

Pido disculpas anticipadas por el título pero luego de un confinamiento tan largo, la secuela que dejan tantos días de guardar es inevitable. Como inevitable es dedicar esta columna al tema de la influenza y sus efectos sobre la economía en el corto y mediano plazo. Además un título así difícilmente pasa  desapercibido y me interesa tener la oportunidad de discutir con los lectores los temas siguientes.

Luego del pánico inicial, y tras de hacernos conscientes de que el mal no es mortal, y que puede ser tratado de manera relativamente sencilla con la medicina adecuada, lo que hemos visto durante la reclusión sanitaria a la que los mexicanos nos vimos forzados por el azote de este virus porcino, es digno de comentarse.

1. Vamos a dejar pasar la gran oportunidad para reformar el sistema de salud del país: para mí, una vez que se contenga la epidemia, ésta es la principal preocupación. Estoy seguro que la clase política va a dejar pasar esta oportunidad de oro para transformar de manera radical el sistema de salud del país debido a la estrategia de corto plazo de las elecciones de julio.

¿O acaso queda alguna mínima duda de que la pobre salud de nuestro sistema de salud fue lo que causó que decenas de personas murieran de Influenza porcina? Una de las imágenes más vergonzosas de esta crisis ha sido ver a los periodistas extranjeros preguntando: ¿y por qué en México se está muriendo la gente, y en otros países no?

La respuesta más factible a lo anterior es sin duda, que los pacientes tardaron demasiado tiempo en acudir al médico y se automedicaron o no se trataron como se debía. Ésta es la respuesta inmediata, pero la verdadera respuesta tiene que satisfacer esta pregunta: ¿por qué los mexicanos nos automedicamos, por qué preferimos esperar a que se nos pase la gripa antes que ir al médico, por qué, a diferencia de otros países nuestra primera reacción no es correr a ver al médico para curarnos?

La respuesta seguramente tiene que ver con una decisión netamente económica: ¿cuánto tiempo, dinero y comodidad voy a sacrificar por ir al IMSS-ISSSTE y ver al doctor para que me atienda? La respuesta tiene que ser, el sacrifico debe de ser muy alto si estoy dispuesto a dejar pasar muchos días sintiéndome extremadamente mal. O en todo caso, si no tengo IMSS-ISSSTE y no tengo suficientes ingresos, el costo de un doctor en México es muy alto y no lo voy a pagar: si es un catarrito, que se pasa pronto.

Las autoridades, la más alta, debe de tomar en cuenta lo siguiente: ésta es una oportunidad única, que no se va a volver a repetir, para cambiar el sistema de salud en México. La población tiene extremadamente claro que si la red hospitalaria pública del país hubiera sido ágil, eficiente, sin tener qué hacer horas de cola para que se les suministrara una pastilla de Tamiflú, nos hubiéramos ahorrado decenas de fatalidades.

Si hoy el gobierno en este momento dijera: ¿están dispuesto a incurrir en costos con tal de tener hospitales del IMSS y del ISSSTE más limpios, con más médicos, más medicinas, y menores tiempos de espera para tener las consultas? La respuesta sería un abrumador sí, y una reforma del sector salud general y, si se diseña bien, sería una reforma histórica, tan histórica como la que creó al IMSS y al ISSTE hace más de medio siglo. Temo, sin embargo, que esta oportunidad de oro la vamos a dejar pasar, por motivos que no voy a tratar aquí.

2. Fábula del estornudo y la pulmonía (pasando por el catarrito)

La verdad es que nuestro Secretario de Hacienda no se lo merece, pero su caracterización de la actual crisis económica cuando ésta despuntaba, como un mero malestar ha tenido la desgracia de ser, no únicamente desafortunada (como él mismo lo admitió ya, caballerosamente), sino mucho peor, se ha vuelto literal.

Las metáforas virales para describir la economía entre México y EU han sido comunes. Se ha dicho siempre que si EU estornudaba a nosotros nos daba neumonía. Se suponía que tal frase era un eufemismo económico, pero estos días nos han mostrado que tal frase es clínicamente literal.

Lo peor es que nos está lloviendo sobre mojado: la economía ya estaba postrada con una fiebre de -8% en
el primer trimestre del año, cuando llegó la influenza.

¿Cuánto nos va a costar esta neumonía literal a la economía que ya de por sí tenía una fiebre espantosa?

El DF y el Estado de México, junto con San Luis Potosí, que son las áreas más afectadas del país, representan cerca del 32% del PIB nacional. Los sectores más afectados han sido: restaurantes, bares y hoteles (2,761% del PIB); entretenimiento y recreación (0,39% del PIB); y Transportes, Carreteras y Almacenamiento (15,69% del PIB).

Para los dos primer sectores las pérdidas durante una semana o más han sido fatales, mientras que para el último sector listado la afectación sobre todo ha sido en el subsector de Transporte. No todos pierden, sin embargo, y el sector Servicios de Salud (2,77% del PIB) ha tenido un auge espectacular durante la emergencia.

Con los supuestos anteriores, el costo de la emergencia sanitaria para el país será de cerca de 1.1% del PIB, equivalente a casi 130,000 mdp corrientes, costo que se concentrará sobre todo en el mes de abril, y ya menguado, en mayo. (El Semanario Agencia, ESA)



  
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