> Como era lógico, México no fue invitado a la Cumbre de países progresistas que tuvo lugar en Viña del Mar, los días 28 y 29 de marzo. Aunque la propaganda oficial se empeñe en decir que ocupamos un lugar privilegiado en la política exterior estadounidense, lo cierto es que otras naciones han llenado los espacios relevantes para el gobierno de Barack Obama. Allí está la lista de asistentes a ese balneario chileno: Gordon Brown de Gran Bretaña, Jens Soltenberg de Noruega, Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil, José Luis Rodríguez Zapatero de España, Tabaré Vázquez de Uruguay, Cristina Fernández de Kirchner de Argentina, el vicepresidente de EU Joseph Biden y la anfitriona, Michelle Bachelet. Y es que nuestro país no figura en el elenco de Estados progresista, sino que se encuentra en la primera fila de las naciones conservadoras; es decir, de los gobiernos que no coinciden con la identidad política de la administración demócrata en la Unión Americana.
> El propósito de la reunión en Viña del Mar fue presentar propuestas unificadas para hacer frente a la actual crisis global. El blanco polémico, como era de esperarse, fue el modelo neoliberal en retirada. Los paradigmas, dijo Lula en clara referencia al esquema de libre mercado, “entraron en crisis defendidos de manera arrogante por muchos de aquellos que ahora están siendo llevados por la tempestad especulativa que ellos mismos sembraron”. Aquí radica uno de los contrastes más marcados del gobierno de Felipe Calderón con la posición progresista de otros mandatarios: el nuestro sigue defendiendo contra viento y marea el dogma monetarista, pese a que hay suficientes evidencias de que ha fracasado rotundamente.
> Que el gobierno estadounidense se ocupara de encontrar una posición unificada con sus aliados se debe, en primer lugar, a que Obama está interesado en poner por delante la diplomacia y dejar a la zaga los argumentos militaristas; en segundo lugar, EU necesita el respaldo de sus congéneres para fortalecer las propuestas que presentará en la reunión del Grupo de los Veinte (G-20) que se está llevando a cabo en Londres. Los estadounidenses apuestan por inyectar masivamente recursos para reactivar la economía nacional y mundial, en tanto que otros países como Francia y Alemania, con gobiernos derechistas, quieren esperar a ver si esas medidas son efectivas para luego elevar el gasto público. Todavía sueñan que el mercado se puede autorregular.
> La suma de las economías representadas en el G-20 (del que México forma parte) significa 85% de la riqueza mundial. De allí la importancia de lo que pueda salir de esta magna reunión. Algunos analistas afirman que ésta es la última carta para evitar que todos nos precipitemos al abismo. Lo dijo claramente Gordon Brown: “La lección de esta crisis es que vivimos en una economía global donde hay problemas globales que requieren soluciones globales.” El problema es que hay serias discrepancias entre los participantes en temas esenciales: establecer una regulación bancaria, fortalecer o no a las instituciones financieras internacionales como el FMI y el BM, atacar los paraísos fiscales.
> De la Cumbre del G-20 depende regresar la confianza a los mercados internacionales o, si el intento fracasa, cada quien se las arreglará como pueda. Lo que es seguro es que México no abanderará la posición más avanzada, sino que se plegará a las perspectivas más retrógradas.