Ya era una desconsideración lo que se cobraba por el llamado “dinero de plástico”; pero ahora, con el problema económico encima, los intereses crediticios se han ido, literalmente, a las nubes. La palabra que ha comenzado a circular para señalar este atraco es “usura”.
-Algunas de las acepciones con las que la Real Academia de la Lengua Española define el concepto son las siguientes: “Interés excesivo en un préstamo”, “Ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de una cosa, especialmente cuando son excesivos”. Me parece que la palabra usura queda como anillo al dedo para indicar lo que está sucediendo en nuestro México: los bancos no tienen límite en materia de abusos. Este hecho aberrante se asemeja a la extracción de sangre a un cuerpo anémico. De por sí la economía mexicana y las finanzas familiares estaban en estado de postración antes de que se viniera la debacle financiera, y ahora se descomponen aún más con el agiotismo que están practicando los dueños del dinero.
-Viene a la memoria Shylock, personaje de la obra de Shakespeare El Mercader de Venecia, quien ha pasado a la historia como encarnación de la usura: este judío le prestó a Bassanio 3,000 ducados en condiciones que, de no cubrirse en un plazo perentorio, le permitirían cortar una libra de carne del pecho de Antonio, amigo y soporte de Bassanio. Éste no logró pagar la deuda a tiempo y pese a que a Shylock, ante el tribunal, se le ofreció el doble para que no dañara a Antonio, el cicatero no cedió en su empeño de hacer efectiva la deuda en especie. Pero ¡oh sorpresa! Shylock fue derrotado por Porcia (disfrazada de jurisconsulto), al recordarle que podía tomar de Antonio la libra de carne prometida, pero que, si derramaba una sola gota de sangre o si tomaba un gramo más o un gramo menos del peso establecido, iría al cadalso. Moraleja: por extralimitarse lo perdió todo.
-Qué diéramos con tal de que los mohatreros mexicanos encontraran un freno como lo encontró Shylock delante del tribunal y de Porcia; pero la realidad es que desde el gobierno se les ha dejado hacer y deshacer a su antojo. No es de hoy que nuestros banqueros han procedido fuera de los cánones de una verdadera burguesía (con visión de largo alcance), como sucede en los países desarrollados e incluso en países en vías de desarrollo, sino con una mentalidad troglodita que más bien recuerda a los prestamistas medievales.
-Adam Smith, padre de la economía de mercado, estableció la diferencia entre un empresario y un agiotista: el primero fija las legítimas ganancias de su negocio respetando el interés general; el segundo termina por asfixiar a quien le pide prestado. El empresario vive de la creatividad; el usurero de la rapiña. Como dice Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998 y seguidor de Adam Smith: “No debe sorprender que la burguesía protegida frecuentemente realiza esfuerzos denodados por animar y apoyar la ilusión del radicalismo y la modernidad, para encubrir en realidad posiciones antimercado provenientes de un pasado remoto.” No les entra en la cabeza que si se extralimitan terminarán por echar todo por la borda, inclusive a ellos mismos.