Algo está pasando en la residencia oficial de Los Pinos. Una extraña sensación atrapa a buena parte de los compañeros de aventura del Presidente de la República. Se trata de algo que los incomoda, les enfurece y que genera una silenciosa rebeldía en su contra. Es la alerta por los ribetes de autoritarismo y populismo que, dicen, está ejecutando Felipe Calderón, publica El Semanario en su edición impresa que comienza a circular hoy.
Cuando demandó al Banco de México bajar tasas de interés, el presidente Calderón olvidó la autonomía del Instituto Central, la misma que, desde el Congreso, defendió el PAN. Pero más allá de la anécdota política, las palabras del Ejecutivo van a contracorriente de la política monetaria que sigue el banco central. El Ejecutivo sabe que, a pesar de que las tasas reales en estos momentos se encuentran arriba de las internacionales, las tasas locales no pueden bajar. El riesgo de inflación no está a debate.
“¿Qué pasa Felipe?”, preguntan militantes del PAN a su hombre fuerte en el Poder Ejecutivo, sobre todo, porque no alcanzan a entender el sendero que está tomando, y quienes segundos después se responden con una reflexión que les provoca escalofrío y que ubica, en el fondo, la raíz del conflicto: “Lo que está ocurriendo es que, ante su miedo al populismo, está aplicando la misma tesis de sus enemigos, es decir, en su afán de vencer a AMLO, está más cerca de AMLO”, dicen militantes del PAN.
“Calderón quiere convertirse en un líder carismático”, exponen politólogos que observan cómo el mandatario usa el viejo recurso del populismo superficial que se emplea en sociedades divididas, en transición o en crisis.
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