El sistema financiero internacional está bajo intenso escrutinio: el desarrollo de unos mercados libres y flexibles, altamente sofisticados y potentes, muy integrados y competitivos, desregulados y complejos, ha resultado ser un verdadero fiasco, y se han convertido en un completo quebradero de cabeza para las autoridades.
Cuando las cosas marchaban bien, sus apologistas, con Alan Greenspan a la cabeza, alababan lo transparente y eficaces que eran esos mercados en su función de canalizar recursos desde las unidades de ahorro a las de gasto, de asignar y diversificar riesgos de manera correcta, y de suministrar liquidez a lo largo y ancho de todo el orbe ...